Economía neofascista
Primera parte; El Mito de la Prioridad Nacional
Hoy hablaremos del gran reclamo que usa el neofascismo para ganar adeptos que proporcionen suculentas cuotas al partido de turno. La mal llamada "prioridad nacional" es un concepto pseudológico que busca desorientar la conciencia del trabajador humilde, haciéndole creer que, por algún tipo de derecho divino, un trabajador cuyo origen (¡ojo! Que esto puede llevar a confusión) sea el mismo que el del empresario que debe contratar al obrero, debe ser elegido para dicho empleo sin menoscabo de su formación o sus posibilidades físico-psicológicas para desempeñar la fuerza de trabajo necesaria.
A una persona normal, arduo trabajador, amigo de la cantina, del buen futbol y la buena cerveza, esta idea le puede parecer normal, lógica y completamente correcta. Pero ese mismo trabajador será capaz de defender a capa y espada la declaración de Derechos Humanos sin darse cuenta de que está cayendo en una contradicción conceptual de primer orden. En cualquier caso, no debemos ocuparnos de ese trabajador que se halla sometido a los embates de los mass media así como de su discurso proespañolista. Lo primero que debemos desmontar es la idea de la prioridad nacional desde su punto inicial; el derecho original del ciudadano sobre el extranjero.
En las antiguas Polis griegas, y en especial en Atenas, así como posteriormente en la estructura social protoromana, la democracia se asentaba sobre lo que desde la Ilustración se ha denominado "Sufragio Censitario" que consiste en vedar el derecho a voto únicamente a una parte de la población. Por suerte hoy disfrutamos del Sufragio Universal para ambos sexos, pero en la antigüedad esta división en el derecho que se daba en los votos también la podíamos encontrar en la ley de la ciudad y en la estructura económica de la sociedad. Además de predominar un sistema de producción esclavista, todos aquellos extranjeros que llegaban a la Polis eran apartados de cualquier decisión política y se les negaba los mismos derechos que a los ciudadanos autóctonos se reconocía. Por supuesto, todos los analistas políticos y pensadores modernos han tachado esto como una aberración, pues, desde el momento en el que un extranjero pasa a convivir con la sociedad de determinado estado, tiene el derecho inalienable de participar en la cosa pública, en la política, en los asuntos del estado pues todo lo que se decida ya no le está al margen sino que le afectan todas las decisiones políticas tomadas. Esto se ha traducido, en los estados modernos, en la posibilidad de obtener la ciudadanía y todos los trámites intermedios que para conseguirla, hay que pasar.
Esa retrógrada idea es la que subyace para poder argumentar un concepto como la prioridad nacional, el aparente derecho que tiene una persona por el simple acto de haber nacido en uno u otro lugar. Pero esta teoría falla, como proviene de la irracionalidad exacerbada del ultranacionalismo, pretende someter al individuo bajo el colectivo, entendiendo que este, por definición, depende por completo de la sociedad en la que vive. Así, nos dan a entender por algún tipo de lectura dogmática que (nunca se hacen matices), un español siempre debe, en caso de competir con un extranjero, obtener un puesto de trabajo. Pero, ¿Se reduce esto al empleo? La argumentación que se da para la prioridad nacional no solo vale para el trabajo sino para todo lo demás; en caso de falta de alimentos, los españoles deben recibirlo antes, al igual que la sanidad o la protección y ayuda. ¿Ven ahora la contradicción con la Declaración de Derechos Humanos? Además, ¿Qué entiende esta gente por ?nacional? u origen? ¿Se refieren a todos aquellos que tengan la ciudadanía? ¿Serán españoles de bien todos aquellos que hayan nacido en España? ¿O aunque no hayan nacido hayan vivido desde muy temprana edad? ¿A quién se prima si ambos han nacido en España pero sus padres son de diferentes orígenes? ¿El permiso de residencia te da menos derecho al trabajo que otro con un DNI común? Este es el problema de las ideas alocadas del ultranacionalismo, es muy fácil soltar consignas sin pararse a pensar en ellas detenidamente, porque dices: "Vale yo soy andorrano ¿Por qué va a poder venir uno de Alcorisa y llevarse el trabajo que hay en mi pueblo? (sustituyan Andorra y Alcorisa por una estructura estatal mayor)" Pero ¿A caso no nos paramos a pensar que tanto el que viene, que no viene por gusto, como el que es de aquí son igualmente personas y que lo único que buscan es poder sobrevivir? ¿A caso no somos todos los seres humanos iguales en derechos? ¿Debemos discriminar a unos a razón de su origen?
Aun intentan dar ilusas lecciones de economía para, aparentemente, demostrarnos que contratar inmigrantes repercute negativamente en la economía del estado. Lo que ellos toman como axiomas rectores de su ideal económico son bagajes inductivos de una tremenda simplicidad, dicen; "los ínfimos salarios que cobran los inmigrantes acaban enviados a sus países de origen y ello repercute negativamente en la economía estatal" Falso, a la estructura económica no le importa que esa parte del dinero sea enviado fuera de las fronteras, de hecho, siempre va a ser una parte tan ínfima en comparación con las ganancias que no merece la pena ni mencionarlo. Si por algo se caracteriza el neofascismo es por, interesadamente, no hacer un análisis objetivo de la economía capitalista. No critican a la burguesía europea como engendrantes de los problemas económicos pues saben que dependen de ellos, si algún día quieren llegar al poder, necesitan el apoyo de la gran burguesía. Por ello nunca se darán cuenta de que lo que hace fuerte a una economía es la producción que pueda exportar a mercados exteriores, las grandes potencias basan su economía en la exportación, el mercado interior es siempre deficitario para una producción industrial seria. Por ello, si contratando inmigrantes en régimen de semiesclavitud la burguesía puede mejorar su rentabilidad y a la vez aumentar la producción a exportar, poco importa que el dinero de los salarios sea enviado fuera, al final, este dinero volverá pues los países a los que llegan acaban comprando productos de las potencias industrializadas, en las cuales, se explotan a los inmigrantes. De esta forma se cierra un círculo que beneficia a la clase alta del empresariado y que hace que la economía de los países occidentales consiga mantenerse en un alto nivel. Además, los inmigrantes asalariados en occidente se ven obligados a consumir en el mercado interior, y en gran parte de los casos lo hacen en igualdad de condiciones que como lo hacen los propios occidentales. El mito de que los inmigrantes viven austeramente y se lo guardan todo para enviarlo a su país es eso, un simple mito orquestado por la fantasiosa mente de la ultraderecha.
Lo que hay que entender de esto es que el argumento de que los empresarios echan a sus empleados porque no hay consumo a causa de que los mismos empresarios han decidido contratar a inmigrantes los cuales no consumen, es una falacia. Si el burgués contrata inmigrantes es porque le sale rentable y mientras pueda mantener un régimen de producción necesario para exportar a mercados exteriores no habrá ningún problema para la economía, mientras tanto el mercado interior sobrevive por los trabajadores que, autóctonos o no, se ven obligados a consumir.
Esto va en relación con el artículo publicado en el blog de la ultraderecha andorrana donde se hacen afirmaciones económicas que poco o nada se ajustan a la realidad. El Ayuntamiento, como ente público despojado de su potencial producción, se ve obligado a ceder a empresas privadas todas las tareas que haya que hacer en la localidad. Si tanto les molesta a estos ultraderechistas que se contraten las empresas más baratas que luego no anden hablando, demagógicamente, de bajar impuestos que el dinero no sale del aire. Y esto es lo que hay, vosotros sois los que apoyáis el sistema económico capitalista, si queréis otro régimen de producción os lo inventáis pero no vale esa falaz dualidad entre el sistema capitalista que busca la rentabilidad del medio privado y la filantropía estatal.
Post Scriptum
Desde un punto de vista meramente económico la prioridad nacional resulta una verdadera aberración ya que supone una intervención directa del poder público en las personas que las empresas de capital privado deben contratar. Además de las negativas connotaciones morales de este principio ultranacionalista las materiales son mucho peores.
Si prevalece la contratación a un colectivo sobre otro (discriminación) se está dando por hecho que los trabajadores de dicho colectivo están capacitados para desempeñar ese tipo de trabajo, pero lo común y más normal es pensar que la capacidad para desempeñar una función no viene dada por el colectivo sino por el individuo, por su formación y carácter personal. Así, con la prioridad nacional lo que se está haciendo es sesgar a una serie de individuos que podrían ser más productivos para la empresa.
¿Y qué ocurrirá si baja la productividad? Tanto si el índice productivo de la empresa como la rentabilidad del conjunto corporativo descienden lo que se producirá es un retroceso en las ganancias y por lo tanto del capital disponible para innovar en el mercado, es decir, la corporación no tendrá suficiente poder monetario como para adaptarse a las necesidades mercantiles. Esto conllevará inequívocamente al despido de parte de los trabajadores para poder obtener mayores beneficios y ni qué decir tiene que si esta situación se repitiera en muchas corporaciones la economía estatal se tambalearía seriamente.
Las empresas no son ONGs, existen para el enriquecimiento personal y para hacerlo necesitan una productividad para la cual es conditio sine qua non la libertad de contratación de los trabajadores. Es duro pero es así, el capitalismo es salvaje en todos sus aspectos.